El Diario de Atacama 21/09/2025 p.2-3 Actualidad. Un equipo del Comité para la Prevención de la Tortura visitó el recinto.
La reciente visita del Comité para la Prevención de la Tortura (CPT) a la cárcel de Copiapó volvió a poner en evidencia uno de los problemas más graves en este recinto penitenciario: la violencia entre internos y una de las tasas de homicidios más altas del país. Hace exactamente una semana, un reo falleció tras una riña con arma blanca, un hecho que refleja la magnitud de la crisis que atraviesa el penal.
El equipo, encabezado por Luis Vial, encargado del área penitenciaria y policial del CPT, confirmó que este complejo panorama en el recinto penitenciario radica en el hacinamiento extremo, la falta de segmentación de la población penal y la precariedad de la infraestructura. ‘En Chile la tasa de homicidios es de seis personas por cada 100 mil habitantes; en las cárceles llega a 60 y en algunos años alcanzó 100. Estamos hablando de una probabilidad de morir diez veces más alta dentro de la cárcel que afuera. Eso es gravísimo y en Copiapó lo vimos con mucha claridad’, advirtió Vial.
El funcionario agregó que no se trata solo de un problema de cifras, sino también de justicia. ‘No puede haber impunidad. Cada muerte debe investigarse con rigor y comunicarse oportunamente a las familias’, recalcó. Valoró la actualización del Protocolo de Muerte bajo Custodia, liderado por la Fiscalía Nacional, pero insistió. ‘Si no aseguramos justicia y protección dentro de las cárceles, estamos renunciando al rol del Estado’, dijo.
La cárcel de Copiapó fue diseñada para aproximadamente 300 internos, pero hoy opera muy por sobre esa capacidad. Desde el CPT advirtieron que lo encontrado en la capital regional resulta dramático, señalando que en algunos momentos la unidad llegó a albergar cerca de mil personas privadas de libertad, una situación insostenible que genera un ambiente donde el control se vuelve muy difícil.
El deterioro de la infraestructura profundiza el problema, junto con las filtraciones de aguas servidas y el mal olor que afectan tanto a internos como a funcionarios. La falta de inversión convierte en permanente la precariedad del recinto. ‘Los muros se sostienen con cadenas metálicas artesanales y el sistema sanitario se rebalsa constantemente’, describió Vial.
Incluso durante la visita se efectuaron mediciones para verificar las condiciones de habitabilidad.
Se encontraron celdas de apenas cinco metros cuadrados en las que convivían entre siete y nueve personas, lo que equivale a 0,5 m² por interno.
El estándar internacional exige entre cuatro y seis metros cuadrados, por lo que la cárcel de Copiapó se ubica al menos diez veces por debajo de lo recomendado. ‘Cuando no tienes espacio para separar, administrar conflictos o proteger a personas vulnerables, lo que se instala es la violencia como mecanismo de control interno’, puntualizó Vial.
El umbral de la tortura y otros problemas
Asimismo, el equipo del CPT constató condiciones que rozan los estándares internacionales de tortura. ‘Hay internos que pasan 23 horas diarias en celdas oscuras y húmedas de cinco metros cuadrados, esto cuando hay castigo. Las Reglas Mandela son claras: más de 22 horas diarias, por más de 15 días, puede configurar tortura. En Copiapó encontramos situaciones muy cercanas a ese umbral’, relató Vial.
La falta de segmentación de la población penal agrava aún más el panorama. En teoría, los reclusos deberían organizarse según su perfil delictual, nivel de riesgo o condición de salud. Sin embargo, la sobrepoblación impide esta clasificación y hace que personas con distintos niveles de peligrosidad convivan en los mismos espacios, lo que incrementa la tensión y los episodios violentos.
La sección de maternidad infantil también preocupa. Aunque no presenta hacinamiento, está ubicada bajo el módulo juvenil, expuesta a ruidos permanentes. Se escucha todo el ruido de la cárcel; un lactante crece entre gritos, golpes y el sonido de rejas. Se prioriza correctamente el apego madre-hijo, pero el entorno es hostil y vulnerador para el niño’, comentó Vial.
Alimentación
Las denuncias relacionadas con la alimentación fueron reiteradas durante la visita. Se constató que las raciones suelen llegar frías, con escasa variedad y un aporte proteico insuficiente. Incluso se detectó el caso de un interno con indicación médica de dieta hiperproteica que recibía la misma comida que el resto, basada principalmente en carbohidratos, lo que evidencia la falta de diferenciación en los menús según necesidades específicas.
El comité advirtió que la débil coordinación entre la cocina y los responsables de distribuir los alimentos genera riesgos importantes para la salud de personas con requerimientos especiales. La situación más grave se reflejó en un hombre que, tras una hospitalización prolongada, perdió cerca de 20 kilos debido a la ausencia de una dieta adecuada para su recuperación.
Funcionarios al límite
A todo esto se suma que la dotación en Copiapó está entre las más bajas del país, lo que se traduce en sobrecarga y licencias médicas. ‘Estamos hablando de funcionarios que trabajan en condiciones muy difíciles, expuestos a riesgos constantes y sin respaldo suficiente. Eso también vulnera derechos laborales’, recalcó Vial.
La sobrecarga no solo afecta al personal en términos de salud mental y física, sino que también repercute en la calidad del trabajo penitenciario. El comité advirtió que la alta rotación de funcionarios y las constantes licencias médicas generan un déficit estructural que dificulta cualquier estrategia de mejora.
¿Qué viene ahora?
Tras la visita, el CPT inició el proceso de consolidación de información y prepara un informe que será remitido a Gendarmería, al Ministerio de Justicia y a la propia unidad penal. Para Vial, el proyecto de un nuevo penal en El Arenal difícilmente estará operativo antes de 2030, lo que significa al menos cuatro años más sometiendo a internos y funcionarios a estándares indignos.
Consultado por la situación relativa de Copiapó respecto de otros recintos, Vial fue categórico en decir que ‘es una de las cárceles con más problemas que hemos visitado. Si no es la peor, está muy arriba. Lo más grave es que todo el mundo lo sabe: internos, gendarmes y autoridades. Hay una normalización de la deshumanización’.
Complemento de texto:
‘En Chile la tasa de homicidios es de seis personas por cada 100 mil habitantes; en las cárceles llega a 60 y en algunos años alcanzó 100. Estamos hablando de una probabilidad de morir diez veces más alta dentro de la cárcel que afuera. Eso es gravísimo y en Copiapó lo vimos’. Luis Vial, Comité para la Prevención de la Tortura.





